Las cosas que me interesan

No me interesa saber a qué te dedicas.
Quiero saber qué es lo que añoras y si te atreves a soñar o alcanzar lo que tu corazón ansía.
No me interesa saber qué edad tienes.
Quiero saber si te arriesgarás a parecer un loco por amor,  por tus sueños, por la aventura de estar vivo.
No me interesa saber qué planetas están cuadrando tu luna.
Quiero saber si has tocado el centro de tu propia pena, si has estado abierto a las traiciones de la vida, o te has marchitado y cerrado por miedo a más dolor.
Quiero saber si te puedes sentar con dolor, tuyo o mío, sin moverte para esconderlo, diluirlo o arreglarlo.
Quiero saber si puedes estar con alegría, tuya o mía, y si puedes danzar libremente y dejar que el éxtasis te llene hasta las puntas de los dedos de tus manos y de los pies, sin advertirnos de ser cuidadosos, ser realistas o recordar las limitaciones de ser humano.
No me interesa si la historia que me estás contando es verdad.
Quiero saber si puedes desilusionar a otros por ser sincero contigo mismo, si puedes resistir la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto confiable.
Quiero saber si puedes ver belleza hasta en los días feos, y si puedes nutrir tu vida desde la presencia de Dios.
Quiero saber si puedes vivir con fallos, tuyos y míos, y ponerte a gritar a la luna llena plateada en la orilla del lago.
No me interesa saber dónde vives, ni cuánto dinero tienes.
Quiero saber si puedes tenerte en pie después de una noche de pena y desesperación, débil y amoratado hasta los huesos, y hacer lo que necesita estar hecho para los niños.
No me interesa saber quién eres, ni porqué estás aquí.
Quiero saber si te puedes parar en el centro del fuego conmigo sin encogerte.
No me interesa dónde, qué o con quién has estudiado.
Quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo se cae a tu alrededor.
Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes en tus momentos de soledad.

Khalil Gibrán

Reserva un tiempo…

Reserva un tiempo cada día para estar en silencio, reflexionar, meditar, para acallar el diálogo interno.  Durante esos momentos, conecta con tu fuente de conciencia pura. Presta atención a tu vida interior de manera que puedas ser guiado por tu intuición y trascender las limitaciones y confusiones de los estímulos externos.
El auto-descubrimiento es lo más dulce que existe. Nos enseña que somos totalmente responsables de nosotros mismos y ahí es donde encontramos nuestra libertad. En lugar de centrarte en el descubrimiento de los demás, puedes centrarte en tu propio descubrimiento. En lugar de mirar hacia los demás para realizarte, puedes lograrlo mirándote a tí mismo.

Byron Katie

Revolución del alma

Nadie es dueño de tu felicidad, por eso no entregues tu alegría, tu paz, sale tu vida en manos de nadie, absolutamente nadie.
Somos libres, no pertenecemos a nadie y no podemos querer ser dueños de los deseos, de la voluntad o de los sueños de quien quiera que sea.
La razón de tu vida eres tu mismo.
Tu paz interior es tu meta de vida, cuando sientes un vacío en el alma, cuando piensas que aun te falta algo, incluso teniendo todo, vuelve tu pensamiento a tus deseos más íntimos y busca la divinidad que existe en ti.
No coloques el objetivo demasiado lejos de tus manos, abraza los que están a tu alcance hoy.
Busca en tu interior la respuesta para calmarte, tú eres reflejo de lo que piensas diariamente.
Deja de pensar mal de ti mismo, y se tu mejor amigo siempre.
Sonreír significa aprobar, aceptar, felicitar.
Con una sonrisa en el rostro las personas tendrán la mejor impresión de ti.
Trabaja, trabaja mucho a tu favor.
Deja de esperar la felicidad sin esfuerzos.
Critica menos, trabaja más.
Y, no te olvides nunca de agradecer.
Agradece todo lo que está en tu vida en este momento, incluso el dolor.
La grandeza no consiste en recibir honras, sino en merecerlas.

Aristóteles

La transformación puede a veces ser dramática

Sea la hora que sea... ¡SONRIE!

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No hay mejor ejemplo en la naturaleza para reflejar esto que la metamorfosis.

Basta mirar la transformación de una oruga en una mariposa –una transformación increible en funcionalidad, apariencia, organización de los componentes, y finalidad –pues transforma un gusano de aspecto desagradable, voraz inestable y que repta en una criatura delicada y bella, graciosa y voladora.

Los biólogos nos dicen que en el interior del tejido de una oruga hay unas células llamadas células imaginativas.

Resuenan en una frecuencia distinta. También son tan distintas a las otras células de las orugas, que el sistema inmunológico del gusano piensa que son enemigas e intenta destruirlas.

Pero las nuevas células imaginativas siguen apareciendo y cada vez son más y más. De repente, el sistema inmunológico de la oruga no puede destruirlas lo suficientemente rápido y se vuelven más fuertes, se conectan entre ellas, hasta que forman una masa crítica que reconoce su…

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Ten presente…

Que siempre existen tres enfoques en cada historia: mi verdad, tu verdad y la Verdad.
Que toma mucho tiempo llegar a ser la persona que deseas ser.
Que es mas fácil reaccionar que pensar.
Que podemos hacer mucho más cosas de las que creemos poder hacer.
Que no importan nuestras circunstancias, lo importante es cómo interpretamos nuestras circunstancias.
Que no podemos forzar a una persona a amarnos, únicamente podemos ser alguien que ama. El resto depende de los demás.
Que requiere años desarrollar la confianza y un segundo destruirla.
Que dos personas pueden observar la misma cosa, y ver algo totalmente diferente.
Que las personas honestas tienen mas éxito al paso del tiempo.
Que podemos escribir o hablar de nuestros sentimientos, para aliviar mucho dolor.
Que no importa qué tan lejos he estado de Dios, siempre me vuelve a recibir.
Que todos somos responsables de nuestros actos.
Que existen personas que me quieren mucho, pero no saben expresarlo.
Que puedo hacer todo o nada con mi mejor amigo y siempre gozar el momento.
Que a veces las personas que menos esperamos, son las primeras en apoyarte en los momentos más difíciles.
Que la madurez tiene que ver más con la experiencia que hemos vivido, y no tanto con los años que hemos cumplido.
Que hay dos días de la semana por los que no debemos de preocuparnos, ayer y mañana. El único momento valioso es «ahora».
Que aunque quiera mucho a la gente, algunas personas no me devolverán ese amor.
Que no debemos competir contra lo mejor de otros, sino competir con lo mejor de mí.
Que puedo hacer algo por impulso y arrepentirme el resto de mi vida.
Que la pasión de un sentimiento desaparece rápidamente.
Que si no controlo mi actitud, mi actitud me controlara a mí.
Que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son ridículos, ¿que pasa si me cree?
Que es más importante que me perdone a mi mismo, a que otros me perdonen.
Que no importa si mi corazón está herido, el mundo sigue girando.
Que la violencia atrae más violencia.
Que decir una verdad a medias es peor que una mentira.
Que las personas que critican a los demás, también me criticarán cuando tengan la oportunidad.
Que es difícil ser positivo cuando estoy cansado.
Que hay mucha diferencia entre la perfección y la excelencia.
Que los políticos hablan igual en todos los idiomas.
Que es mucho mejor expresar mis sentimientos, que guardarlos dentro de mí.
Que al final de la vida me doy cuenta que las únicas cosas que valieron la pena son: Dios, mi familia, un grupo muy selecto de amigos y unas experiencias que me dieron crecimiento personal.
Para ser exitosos no tenemos que hacer cosas extraordinarias. Hagamos cosas ordinarias, extraordinariamente bien.
Y, si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso, y da la tuya, porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como aquel que no sabe sonreír.

Mahatma Gandhi

Trenzaré mi tristeza

Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas,  que no se meta entre tus manos- me decía-  porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar  cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña,  aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada  por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía,  siempre trenza tu tristeza…Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.

Paola Klug