¿Intentas complacer a todo el mundo? – Francesc Miralles


Uno de los últimos fenómenos editoriales en Japón, con gran éxito también en Estados Unidos, ha sido el libro de conversaciones entre el filósofo Ichiro Kishimi y su joven discípulo Fumitake Koga.
Traducido en castellano como Atrévete a no gustar, el título nos da una pista clara sobre el tema que preocupa a ambos autores.


ATRÉVETE A SER TÚ

Basado en las ideas de Alfred Adler, uno de los tres “gigantes” de la psicología, el debate que recorre estas páginas parte de una pregunta: ¿Por qué nos cuesta tanto ser felices?
Según el médico y psicoterapeuta austriaco, prácticamente todos nuestros problemas se originan en las relaciones interpersonales. La única manera de no tener problemas sería, por lo tanto, “estar solo en el universo”. Como eso no es posible, hay que aprender a entenderse con los demás y, no menos importante, a entenderse con uno mismo.
Eso pasa por ser quienes somos, en lugar de tratar de emular a otros o de tratar de ser distintos para gustar a los demás.
Ser o actuar de determinada manera para obtener el cariño o reconocimiento de los demás nos convierte en esclavos de los otros, a la vez que abonamos el terreno para toda clase de fracasos y decepciones. Pues lo cierto es que, por mucho que hagamos, nunca lograremos gustar a todo el mundo.
Esto lo explica muy bien John Gardner en un poema sobre lo que se aprende en la madurez:


“Se aprende que el mundo adora el talento, pero recompensa el carácter.Se comprende que la mayoría de la gente no está ni a favor ni en contra de nosotros, sino que está absorta en sí misma.Se aprende, en fin, que por grande que sea nuestro empeño en agradar a los demás, siempre habrá personas que no nos quieran”.


PERMÍTETE NO ENCAJAR

Solo si nos damos permiso para actuar al margen de lo que se espera de nosotros nos sentiremos realmente libres. El filósofo japonés que dirige el debate del libro va incluso un poco más lejos. Para ser verdaderamente libres, sostiene, debemos darnos el permiso de caer mal a algunas personas.
Educados para agradar en cualquier entorno social, esto puede resultarnos chocante en un principio. Desde niños buscamos la aprobación de nuestros padres, de nuestros maestros y profesores. Luego aspiramos a gustar a la pareja elegida. Nos esforzamos por ser aceptados y reconocidos en el trabajo…
Sin embargo, ¿qué sucede cuando nuestro carácter, prioridades o ideas no encajan con las de alguien? Por mucho que nos empeñemos, no lograremos obtener su favor. Al contrario, cuando alguien ha decidido “ponernos la cruz”, cualquier esfuerzo que hagamos solo logrará aumentar su aversión.


La gente no está ni a favor ni en contra de nosotros: va a lo suyo.
Resulta mucho más rentable y práctico asumir que no podemos gustar a todo el mundo, y centrar nuestras energías en las personas que sí nos comprenden y aprecian.


NO TE ECHES ENCIMA EL PESO AJENO

Incluso con estas últimas hay que ser cuidadosos, ya que, a veces, por querer tener contentos a nuestros seres queridos, llegamos a ocuparnos de tareas que no nos corresponden.


Ichiro Kishimi lo explica así: “Invadir las tareas ajenas y asumir las tareas de otros convierte la vida de uno en algo muy pesado y lleno de dificultades. Si llevas una vida de preocupación y sufrimiento, lo primero que debes hacer es aprender a poner el límite de ‘a partir de aquí ya no es tarea mía’. Y, a continuación, desvincularte de las tareas de los demás. Ese es el primer paso para aligerar la carga y simplificar la vida”.


Tal vez la primera vez que pongas límites te sentirás extraño y notarás sorpresa en los demás, pero es una inversión que, a la larga, te procurará relaciones más sólidas y duraderas con las personas que realmente te aman por lo que eres, no por lo que puedes dar.


DEJA DE COMPARARTE

La comparación sería uno de los grandes enemigos de la felicidad, ya que, como señala Adler, “no se puede ser otra persona”. Además, tendemos a compararnos con los de arriba, lo cual nos lleva a la frustración.
“Lo importante no es con qué nacemos, sino qué hacemos con ello”, decía este médico, del que se cuenta una anécdota reveladora.


En un país en el que la gente tiende a ser alta, Alfred Adler era muy pequeño. En lugar de causarle un complejo de inferioridad, él supo ver este hecho como una ventaja. Así como un hombre corpulento podría intimidar en la consulta, aseguraba que su baja estatura hacía que sus pacientes no se sintieran amenazados y confiaran más en él.


En sus propias palabras: “No hay que confundir ser distinto con ser mejor o peor, o superior o inferior”.


En definitiva, la clave para sentirnos libres y establecer relaciones sanas es la de comprender que cada uno tiene su espacio y sus particularidades, que estas no tienen por qué encajar con las de los demás, y aceptar las nuestras y las de los otros con el mismo respeto.

El ángel de la pena – William Wetmore Story

El ARTE

La pérdida de una persona muy cercana a cada uno de nosotros es una enorme tragedia irreparable que jamás entenderemos. El dolor nos contempla y la pena se apodera de nosotros.

Esto fue lo que sintió el escultor estadounidense William Wetmore Story al esculpir con sus propias manos El Ángel de la Pena, en el momento en el que lleva flores a la tumba de su amor verdadero. Obra en honor al fallecimiento de su amada de toda la vida, Emelyn Eldredge Story. William falleció justo un año después de esculpir esta obra, siendo enterrado también en el mismo lugar, aunque en el pedestal aún se mantiene solo el nombre de ella.

En Italiano es conocida como L’Angelo del Dolore, y puede ser contemplada en su lugar de origen de…

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Los diez ladrones de tu energía

Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente.
Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle.
Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio.
Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.
Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad.
Tira, recoge y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas.
Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos.
Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria.
Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.
Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo.

Dalai Lama

La transformación puede a veces ser dramática

Sea la hora que sea... ¡SONRIE!

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No hay mejor ejemplo en la naturaleza para reflejar esto que la metamorfosis.

Basta mirar la transformación de una oruga en una mariposa –una transformación increible en funcionalidad, apariencia, organización de los componentes, y finalidad –pues transforma un gusano de aspecto desagradable, voraz inestable y que repta en una criatura delicada y bella, graciosa y voladora.

Los biólogos nos dicen que en el interior del tejido de una oruga hay unas células llamadas células imaginativas.

Resuenan en una frecuencia distinta. También son tan distintas a las otras células de las orugas, que el sistema inmunológico del gusano piensa que son enemigas e intenta destruirlas.

Pero las nuevas células imaginativas siguen apareciendo y cada vez son más y más. De repente, el sistema inmunológico de la oruga no puede destruirlas lo suficientemente rápido y se vuelven más fuertes, se conectan entre ellas, hasta que forman una masa crítica que reconoce su…

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Camilo Ponce C. & Martha Psyko (No Importa)

No importa si un día
el aroma de la flor termina,
importa que hoy
te necesito para respirar
y si hoy me lo preguntas
será así por mil años más.
 
No importa que te digan
que el amor no existe,
importa que hoy estuviste
y mis manos te alcanzaron a tocar,
importa, que si descubro la manera
te amaré mil veces más.
 
No importa si un día
la soledad nos alcanza,
importa que hoy
ganemos nuestras batallas,
tú logres lo que has querido,
contigo, para mí todo es ganar.
 
No importa que un día
las fuerzas se me acaben,
importa que hoy
yo pueda levantarte
y si hiciera falta
te levante mil veces más.
 
 No importa si aún
no me ves aquí,
importa que al imaginarme
te haga sonreír
y que esa alegría te dure
al menos…
mil años más.
 
No importa que un día
el ruido nos aturda,
importa que hoy
nuestros pasos se unan
en un solo compás
y resuenen juntos
por la eternidad.
 
***
 Perdona si a veces olvido esto
y me vuelvo alguien más,
te ofrezco estas palabras
que me harán recordar,
las repetiré, lo prometo
mil veces más.

Felicidad – Wanderlino Arruda

La felicidad no tiene peso, ni medidas,
no puede ser comprada,
no se presta, no se pide prestada,
no resiste cálculos, porque material no es,
de aquellos materiales patrones de nuestro mundo.

Sólo puede ser legítima.

Felicidad falsa no es felicidad, es ilusión.

Pero, si yo supiese hacer cuentas para medir el bien
diría que la felicidad sí puede tener tamaño,
puede ser grande, o pequeña,
tan pequeñita que puede caber en la palma de una mano,
pero también puede alcanzar el tamaño del mundo.

La felicidad es sabiduría, esperanza,
deseo de ir, de quedarse,
es presente, pasado y futuro.

La felicidad es confianza: fe y creencia,
trabajo y acción.

No se puede tener prisa para ser feliz,
porque ella viene bien despacito,
como quien nada quiere.

Ser feliz no depende del dinero,
tampoco depende de la salud, ni del poder.

La felicidad no es fruto de la ostentación
ni del lujo.

Felicidad es desprendimiento, no es ambición.

Solamente es feliz quien sepa soportar, perder,
sufrir y perdonar.

Sólo es feliz quien sepa, sobre todo, amar.