¡Qué pobre somos!

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Una vez, un padre de una familia llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que su hijo viera cómo eran de pobres eran las gentes del campo. Estuvieron un día y una noche completos en una granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje, y de regreso a casa, el padre le pregunta a su hijo:

– ¿Qué te pareció el viaje?

– Muy bonito Papá!

– Viste qué pobre puede llegar a ser la gente?

– ¡Sí!

– ¿Y qué aprendiste?

– Ví que nosotros tenemos un perro en casa; ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una alberca que llega de una barda a la mitad del jardin; ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio; ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la barda de la casa; ellos tienen todo un inmenso campo como patio.

Al terminar el relato del niño, el padre se quedó mudo… y su hijo agregó:

– ¡Gracias papá por enseñarme lo pobres que somos!

MORALEJA:

Hay tantas cosas a nuestro alrededor que llegan a ser invisibles a nuestra vista… Aprendamos a apreciar tantas bellas cosas que tenemos a nuestro lado y vivir aferrados a ellas.

Avanzar…

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Avanzar por la vida, crecer, hacernos adultos, desarrollarnos en este mundo con su vertiginosa carrera hacia lo material, contamina inexorablemente la pureza que teníamos cuando éramos niños. Y en ese avance (¿avance?) vamos perdiendo cosas: Perdemos espontaneidad, perdemos frescura, perdemos sinceridad,  perdemos sonrisas, perdemos las ganas de jugar, perdemos alegrías, perdemos tiempo para gozar.

Y ganamos egoísmo, nerviosismo, estrés, tristezas, situaciones forzadas, muecas en lugar de sonrisas. Es que aparentemente crecimos… ¿crecimos? A veces veo a los niños zambullirse a plena risa en los peloteros, y rebotar divertidos en las camas de aire de las casas de juegos y gatear a través de laberintos y túneles de cuerdas sin más preocupación que la de divertirse con sus juegos. Y no me avergüenza confesar que con muchas ganas me pondría a saltar con ellos y  dejaría que mi cuerpo sienta el placer de rebotar sobre el colchón inflado.

Y daría lo inimaginable para recobrar la pureza, la inocencia, la frescura y la espontaneidad de mi niñez; descontaminarme de todo lo nocivo de este mundo que solo nos conduce a la destrucción y a la infelicidad porque nos fuerza a meternos en una maquinaria para la que no estamos preparados. Quisiera despojarme de todo eso, pero sospecho que… es demasiado tarde. Pero también creo que, si un día me libero de mis ataduras y me lanzo, sin pensar en nada, a rebotar sobre el colchón de aire, quizá… quizá no esté todo perdido.

                   Graciela Heger

La caminata

Cierto día, me dí cuenta que el mundo era demasiado complejo para ser comprendido.
 
Intentaba buscar las respuestas en personas y lugares.
 
Fue cuando percibí que era necesario comprenderme a mí antes de comprender al mundo.
 
Intenté entrar en mi mente, y comprendí que ella siempre había estado abierta, esperando que la explorara.
 
Comencé andando en medio de los sentimientos: Descubrí los misterios del amor, ví la belleza de la amistad, sentí la fuerza de la esperanza y lloré con la tristeza del odio.
 
Así estaba, fascinada con el mundo de los sentimientos, cuando en un determinado momento me caí.
 
En esta caída fui arrastrada a un lugar frío y triste. Comencé a andar por los laberintos más oscuros.
 
No conseguía ver nada, mis manos no conseguían tocar nada… El miedo crecía más y más.
 
Percibí que había entrado en el mundo de las dudas y de la incertidumbre.
 
Era imposible decidir. Era inútil intentar volver y arriesgado seguir. Me quedé parada, sintiendo que el miedo me dominaba.
 
Cuando el miedo, las dudas y la incertidumbre ya eran más grandes que yo, fui envuelta súbitamente por una enorme certeza : “Lo que quería era salir lo más rápido posible de aquella situación y de aquel lugar”.
 
Y, de pronto, como si fuera magia, salí de aquel lugar horrible.
 
Me dí cuenta que para vencer las dudas, la incertidumbre y el miedo, necesitaba solamente tener un objetivo y avanzar.
 
Donde estaba ya no era aquel mundo triste y gris, al contrario, era iluminado y alegre.
 
Ví un lago y caminé hacia él. En sus aguas cristalinas, ví reflejarse el siguiente mensaje: “Continua caminando y descubrirás las respuestas para todas tus preguntas”.
 
Allí me di cuenta de que estaba en el mundo de la sabiduría.
 
Obedecí y seguí caminando. Conocí diversos mundos, cada uno con sus encantos y misterios.
 
Al final de mi caminata, cuando todos los mundos ya se habían presentado, asumí que solamente conociendo mi mente, podría comprender al mundo y así descubrir el verdadero sentido de la vida, y lo principal: Llegar al corazón del universo.
 
                     – Ana Lucía Santana

Imagina lo mejor

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Trata de ser feliz, de disfrutar el día, aún cuando te parezca que no hay motivos mira a tu alrededor o hacia adentro, siempre hay un recuerdo, una mirada, un gesto que pueden cambiar tu día.

Deja todo lo que te preocupa por un instante de lado, la vida es hoy no sabemos si hay mañana. Por eso no te detengas. No te permitas sentirte solo. En algún lugar siempre hay alguien que está pensando en vos, o te está esperando, sólo observa.

La vida siempre nos da motivos para ser felices, está en nosotros el saber descubrirlos…Está en nosotros sentirnos bien, dejar a un lado todo lo que nos inquieta o nos lastima para dar paso a todo aquello que nos enciende y nos motiva…

Sólo por hoy…sonríe. Sos importante, único, no bajes los brazos, no sientas temor. La vida siempre nos da nuevas oportunidades para ser felices. Está en nosotros abrirnos a ellas, está en nosotros detener la marcha y abrir los brazos para recibir.

Si nos encerramos, si nos detenemos en los problemas, si nos marginamos, si nos aislamos nada es posible.

Imagina un día feliz. Una vida feliz, está a tu alcance. Sólo es cuestión de poner toda la fuerza en nuestros pensamientos, en nuestros sueños.

El secreto de los triunfadores, de aquellos que todo lo logran está en que sienten el éxito y se ven disfrutando de los logros antes de obtenerlos.
Imagina lo mejor, lo más lindo. Cierra los ojos y siéntete un triunfador. El éxito de tu día y de tu vida dependen de vos.

Graciela Heger A.

La última estación.

 

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Una estación desconocida para todos, una incógnita… En este hermoso viaje para algunos y desagradable para otros, nuestras vivencias aumentan día a día, nos hacen más sensibles o nos endurecen día a día. Estación tras estación, se suceden diariamente, y pasamos del amor al desamor, de la esperanza a la desesperanza, del apego al abandono, de la alegría a la tristeza… O tal vez nuestras estaciones se suceden en orden diferente, pero una tras otra forman parte de nuestras vidas.

Cada estación tiene un mensaje, una enseñanza. Nos encontramos con rostros conocidos en este tren, o con otros que nunca vimos antes pero que aparecen, por algo, en nuestras vidas.

Al iniciar el viaje nuestra maleta no nos pesa tanto, pero minuto a minuto se llena de recuerdos, de pasiones, de momentos…

Tratemos de no ser rígidos en el recorrido, tratemos de desviarnos cuando nuestro espíritu así lo quiere, tratemos de descansar cuando el cansancio ya no nos permita disfrutar ni gozar…

La meta final nos espera a todos por igual, está en nosotros disfrutar de este viaje y llevarnos en la maleta lo más lindo, lo más profundo, y todo aquello que hace que un simple paseo se convierta en un viaje inolvidable.

El viaje puede ser importante, pero el contenido de nuestra maleta es el que nos permitirá seguir de pie ante las adversidades, ante los contratiempos.

Por eso no dudemos en guardar en ella los mejores recuerdos, las más hermosas pasiones, los más grandes amores y sobre todo: los instantes en que fuimos muy, pero muy felices…

Sólo abriendo esa maleta, a medida que se acerque la última estación, podremos afirmar que valía la pena este viaje.

           Graciela Heger A.

Acuerdate de Mi

Gustavo regresaba a su casa en su automóvil. Era un día frío, gris y lluvioso y de pronto vio a una señora anciana con su auto al lado de la carretera. Inmediatamente se dio cuenta de que la anciana necesitaba ayuda.

Estacionó su viejo Pontiac delante del Mercedes de la anciana y se acercó tosiendo. A medida que se acercaba era más evidente que la señora tenía problemas.

Desde el punto de vista de la anciana, el hombre que se aproximaba no tenía muy buen aspecto, tal vez podría tratarse de un delincuente, pero en su situación, no tenía demasiadas opciones. Había estado allí por más de una hora y nadie se había detenido para ayudarla, así que, no había nada que hacer, estaba a su merced.

El hombre parecía muy humilde y hambriento y aunque aparentaba calma, Gustavo pudo percibir en la anciana cierto temor y preocupación.
Así que tomó la iniciativa y dijo: Si me lo permite puedo ayudarla, señora entre en su vehículo y así estará protegida de la lluvia. Mi nombre es Gustavo, añadió, y gracias a Dios sólo se trata de un neumático desinflado. Voy a repararlo en poco minutos.

Y así Gustavo empezó a trabajar. Estaba apretando las últimas tuercas, cuando la señora bajó la ventanilla y comenzó a conversar con él. Le contó de dónde venía; que tan sólo estaba de paso por allí y que no sabía cómo agradecerle.

Gustavo sonreía mientras cerraba el baúl del coche y guardaba las herramientas.

Al ver que ya había terminado, la anciana le preguntó cuánto le debía, pensando que cualquier suma sería correcta dadas las circunstancias, y que quizás hubieran pasado cosas terribles de no haber contado con su gentileza.

El no lo consideraba un trabajo, ayudar a alguien en necesidad era la mejor forma de pagar por las veces lo habían ayudado cuando se encontraba en situaciones similares. Gustavo estaba acostumbrado a vivir así. Le dijo a la anciana que si quería pagarle, la mejor forma de hacerlo sería que la próxima vez que viera a alguien en necesidad y estuviera a su alcance el poder asistirla, lo hiciera de manera desinteresada y se despidió.

Había sido un día frío, pero sentía calor en su corazón, reconfortado y feliz por haber ayudado a su prójimo. Subió a su coche y siguió su camino.

Unos kilómetros más adelante la señora divisó una pequeña cafetería. Pensó que sería muy bueno quitarse el frío con una taza de café caliente antes de continuar el último tramo de su viaje. Se trataba de un pequeño y viejo local, en el que había una vieja registradora muy parecida a las que conocía de su juventud.

Una cortés camarera se le acercó y le extendió una toalla para que se secara el cabello, mojado por la lluvia. Tenía un rostro agradable con una hermosa sonrisa, a pesar de las muchas horas de trabajo.

La anciana notó que la camarera estaba embarazada, más o menos de unos ocho meses, pero que su situación no le hacía cambiar su simpática actitud. Pensó en cómo, gente que tiene tan poco, puede ser tan generosa con los extraños, y entonces se acordó de Gustavo.

Al terminar su café, pidió a la camarera la cuenta y pagó con un billete de cien dólares. Cuando la joven regresó con el cambio constató que la señora se había ido. Intentó alcanzarla, pero al correr hacia la puerta vio en la mesa un trozo de papel escrito, cuando lo tomó se dio cuenta de que era una nota y cuatro billetes de cien dólares.

Al leer la nota, sus ojos se llenaron de lágrimas: Esto es un regalo para ti, hace muchos años estuve en tu misma situación. Hoy alguien me ayudó como ahora lo estoy haciendo por ti. Si quieres pagarme, esto es lo que puedes hacer: No dejes de ayudar y ser de bendición para otros con amor y desinteresadamente.

Esa noche, ya en su casa, mientras la camarera entraba sigilosamente en su cama, para no despertar a su agotado esposo que debía levantarse muy temprano, pensó en lo que la anciana había hecho con ella. ¿Cómo sabría ella las necesidades que tenía con su esposo?, los problemas económicos que estaban pasando, y más ahora con la llegada del bebé…

Era consciente de cuán preocupado estaba su esposo por todo esto. Acercándose suavemente hacia él, para no despertarlo, mientras lo besaba tiernamente, le susurró al oído: Todo va a estar bien… te amo Gustavo.

El sentido de la vida.

Cuál es el sentido de la vida? Qué hacemos aquí? Por qué estamos aquí? Pero lo más importante…¿para qué estamos aquí?
De repente, un día nacemos, crecemos y morimos. Y ya está? Y en medio qué?
Aprendemos, trabajamos, amamos, reímos, lloramos, dudamos, nos equivocamos…pero…por qué? para qué?
Al final todos seremos un recuerdo en la mente de alguien…una foto, un vídeo, una anécdota…cientos, miles, millones de personas han estado antes aquí…y qué? con qué fin? ¿Permitir que podamos estar más personas aquí? Pero para qué? Con qué finalidad?
¿Nuestra función es asegurarnos de que alguien más se quede después de que nos marchemos?, ¿PARA QUÉ? para dejar a otros más y esos a otros y luego otros y así hasta cuándo? Eso lo llevamos haciendo miles de años y nada cambia ni nada sabemos.
Evolucionamos, mejoramos o empeoramos, según se mire, vivimos más años, más cómodos o todo lo contrario…
Hace cien años, sólo cien años, una carta tardaba semanas o incluso meses en llegar de una ciudad a otra, hoy en un segundo le dices a alguien de Japón, Hola…Es eso? evolucionar?, acercarnos? Relacionarnos? Si es eso ¿Por qué nos destruimos con tanta facilidad?

Yo creo que la vida no tiene ningún propósito en sí misma porqué el motivo de que estemos aquí es casual, y por definición algo que sucede por casualidad no es premeditado, luego no tiene ninguna finalidad u objetivo en sí mismo.
Y ya está?
La vida es eso? Una combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar sin ningún sentido? sin ninguna finalidad?
Yo creo que ahí precisamente está la clave.

La perpetuación de la especie, dicen unos, realizarse, trascender más allá de los hechos, dicen otros, evolucionar, buscar sabiduría y conocimiento, Hacer un mundo mejor, alcanzar la unión con Dios, conseguir la pureza del alma, hay gente que defiende que el propio sentido de la vida radica en tratar de encontrarlo y hay gente que dice que la vida no tiene sentido porqué el mundo es un lugar horrible, agresivo y destructivo…
La cuestión es que todos intentamos llamarlo de alguna manera

Yo creo que el sentido de la vida es algo que hemos inventado nosotros porque como humanos con razonamiento abstracto necesitamos entender, asimilar…encontrarle un sentido o finalidad para justificar nuestra existencia.

Yo lo llamo así. Tú llámalo como quieras, pero lo que no va a cambiar es que lo que de verdad importa es el camino, no donde vayamos.
Sea cual sea la finalidad, el objetivo de nuestras vidas, el sentido de la vida es que no importa el sentido de la vida. Lo que importa es crecer, mejorar, ser generosos, tratar de encontrar aquello que sabemos hacer y explotarlo al máximo, amar, pensar, divertirnos, ser críticos, sinceros, coherentes, proactivos y siempre vivir de acuerdo a nuestras posibilidades y fieles a nuestro criterio.
Todo eso es lo que mis padres me han enseñado.
Yo creo que es un muy buen comienzo.
¿Y tú?

LA LIMPIEZA.

La semana pasada tiré el preocuparme, se estaba poniendo viejo y me estorbaba.

Me impedía ser yo misma, no podía actuar a mi modo.

Tiré esas inhibiciones, no dejaban lugar para mí.

Hice lugar para mi nuevo crecimiento; me deshice de mis viejos sueños y dudas.

Tiré un libro sobre mi pasado (igual no tenía tiempo para leerlo).
Lo reemplacé con nuevas metas y empecé a leerlo hoy.

Tiré los juguetes de mi niñez (¿recuerdan cuánto les estorbaba yo?)

Conseguí una nueva filosofía y también tiré la de mucho tiempo atrás.

Compré algunos libros nuevos llamados: puedo, haré y debo.

Tiré el podría, haría y debería. ¡Ah!, si hubieran visto el polvo…

Me topé con un viejo amigo, a quien no lo había visto hace bastante tiempo,

creo que su nombre es Dios.

Si, realmente me gusta su forma de ser. Me ayudó con la limpieza

y agregó algunas cosas, tales como: oración, esperanza y fe.

Sí, las puse en mi estante.

Tomé algo especial y lo coloqué en la puerta principal. La encontré se llama paz.

Ya nada me puede abatir. Ahora mi casa esta muy linda, todo se ve bastante bien.

Para preocupaciones y problemas, simplemente no hay lugar.

Es bueno limpiar la casa, especialmente la interior; ya que deshacerse de tanta cosa que estorba, hace todo más alegre.

A lo mejor tú deberías tratar de hacer lo mismo.