Es necesario hacer

Si no hacemos, si no transformamos la realidad a partir de una acción operativa, de nada nos sirven las buenas intenciones.

El conocimiento que no es aplicado, la inteligencia que no se practica, la sabiduría que no nos ayuda a curar los que sufren o a crear prosperidad donde no hay o trabajar para superar una crisis, no es sabiduría, se queda en el territorio de la especulación o de las buenas intenciones. Por lo tanto, hay que hacer para transformar la vida, como escribió Joseph Conrad: «Solo quien no hace nada no comete errores».

La no acción es una forma de acción elocuente y contundente. La pasividad es una forma de actividad que puede ser ambivalente: a veces puede ser necesaria, pero a veces puede ser perversa. ¿Cuántas cosas se pudren por no regarlas, por no cuidarlas? ¿Cuántas veces por el miedo a cometer un error no nos arriesgamos y, por tanto, lo acabamos cometiendo?

Así, hagamos, equivoquémonos, pero hagamos con la voluntad de no equivocarnos. Es decir, el inconsciente está allí porque es inconsciente y nos hace cometer errores a veces cargados de buenas intenciones, pero realmente vale la pena equivocarse si estamos decididos a entregarnos, a arriesgarnos para lo que anhelamos. Y como dice el aforismo, si no ganamos, aprenderemos, porque lo importante no es lo que nos pasa en la vida, sino lo que hacemos. La vida se construye no solo con las acciones que hacemos, también y muy especialmente con las lecciones que somos capaces de extraer, la reflexión que aportamos y con la reconstrucción de nuestra manera de entendernos a nosotros mismos, a los demás y a la vida a medida que vamos avanzando en este camino.

Y es que ya lo decía Borges: «Los errores son alegres, y la perfección es gris».

Álex Rovira

Nostalgia – Juan Ramón Jiménez

Al fin nos hallaremos. Las temblorosas manos

apretarán, suaves, la dicha conseguida,

por un sendero solo, muy lejos de los vanos

cuidados que ahora inquietan la fe de nuestra vida. 

Las ramas de los sauces mojados y amarillos

nos rozarán las frentes. En la arena perlada,

verbenas llenas de agua, de cálices sencillos,

ornarán la indolente paz de nuestra pisada. 

Mi brazo rodeará tu mimosa cintura,

tú dejarás caer en mi hombro tu cabeza,

¡y el ideal vendrá entre la tarde pura,

a envolver nuestro amor en su eterna belleza!


   		   	

Confiar y creer

Como indica la palabra, las creencias se construyen desde el creer, y a su vez, el creer se construye desde la confianza.

Si creemos en algo o alguien es porque confiamos en ese algo o alguien. Luego, el diálogo con la realidad, el ensayo y error, el esfuerzo y aprendizaje, la recompensa que supone el logro, la realización y el placer de crear y transformar nacen de la confianza en uno mismo, en el otro y en la vida.

Creer es confiar y cuando confiamos nos permitimos abrirnos a nuevas posibilidades, nos permitimos crear. Sin confianza no declararíamos nuestro amor, no traeríamos hijos al mundo, no invertiríamos para mejorar, no nos arriesgaríamos, no innovaríamos.  Sin confianza no merecería la pena vivir. Sin confianza no hay encuentro verdadero, motor de transformación de la realidad.  Sin confianza no podemos amar y no podemos abrirnos a la posibilidad de recibir amor. En realidad, el desamor no es más que la ruptura de una confianza en el otro. Confiar y vivir van de la mano.  Confiar y crear son uno.

En sentido contrario, si uno cree en su fuero interno que no lo logrará, consecuentemente no dará el paso necesario, y si lo da, la inseguridad actuará como elemento que tenderá a boicotear la iniciativa. Pero quien se prepara,  se forma, aprende,  entrena  con tesón, ensaya con alegría y esfuerzo,  disfruta  del proceso, trata con respeto a los demás, encuentra un sentido a su labor, incorpora  los errores como activos de su experiencia, abandona el victimismo  en pos de la responsabilidad, va construyendo una  personalidad  y una dialéctica con el mundo  que le permiten avanzar y lograr en el camino de la vida, porque  va esculpiendo  una confianza  en sus propias capacidades  para conducirse y gestionar  la existencia. Por todo ello, sin duda, podemos afirmar que hace mucho más el que quiere que el que puede.

Porque somos nosotros quienes a partir de nuestras actitudes y creencias construimos nuestras realidades. Es más, por lo general, no sabemos de lo que somos capaces hasta que lo intentamos, pero para intentarlo debemos partir de la confianza mínima para dar el primer  paso; debemos  tener fe en que podemos  crear nuestro  anhelo. Para crear, a cualquier nivel, es necesario que se dé una primera condición fundamental: creer que podemos.  Pero no entendamos esta creencia como un acto de fe ciega e inconsciente, sino todo lo contrario: es la consecuencia del triunfo de la voluntad, del tesón en el aprendizaje continuo, del profundo respeto al otro, de la voluntad de servir, de la humildad y del activo de la experiencia.

En este sentido, en los últimos años, la investigación de los aspectos psicológicos de la mente humana ha dejado de centrarse solo en lo patológico para abordar los aspectos positivos y determinar en qué medida la confianza, la humildad, el respeto, la gratitud, la generosidad, el perdón, la curiosidad, la esperanza, el entusiasmo o la serenidad son, entre tantos otros, poderosos acicates para la realización individual y colectiva. No fue hasta el año 2000 cuando, oficialmente, varias facultades de psicología estadounidenses, bajo el aliento del profesor de la Universidad de Pensilvania Martin E. P. Seligman, formalizaron y desarrollaron la asignatura de Psicología Positiva, que se centra en el estudio de los rasgos de carácter que ayudan a las personas a sentirse dichosas, desarrollar su potencial y a mantenerse mentalmente saludables. Seligman y otros están hoy trabajando para explicar cómo lo mejor del alma humana puede conseguir transformar la realidad individual y colectiva. Por ese motivo y para finalizar este texto sugiero la lectura de las obras de Martin Seligman, entre las que destacaría “La auténtica felicidad”.

Álex Rovira

Vida y pensamientos

Tus pensamientos son las causas primarias de las condiciones de tu vida.
Todo lo que forma parte de tu experiencia ha comenzado con alguna forma de pensamiento, ya sea tuyo o de alguien más.

Todo lo que eres o llegues a ser, será el resultado de tu modo de pensar.
Si cambias la calidad de tu pensamiento, cambiarás la calidad de tu vida.
El cambio de tu experiencia exterior traerá consigo el cambio de tu
experiencia interior. Recogerás lo que has sembrado.
Ahora mismo lo estás haciendo.

Lo hermoso de esta ley inmutable es que incorporándola a tus esquemas
mentales podrás tener un control completo de tu pensamiento, de tus
sentimientos y de tus resultados. Mediante la aplicación de la ley de causa
y efecto te pondrás tú mismo en armonía con la ley de control.
Inmediatamente te sentirás mejor y más satisfecho contigo mismo.

Cualquier aspecto relativo al éxito o fracaso en tu vida puede ser
interpretado con arreglo a esta ley básica.
Si siembras las causas adecuadas, cosecharás los efectos deseados.
Si tratas bien a los demás, ellos te tratarán bien a ti.
Siempre sacarás de la vida lo que inviertas en ella y, da la casualidad, que
eres precisamente tú quien lleva el control de las inversiones.

Brian Tracy

Si sabes mirar, verás…

…que hay una ángel a tu lado.

¿Alguna vez has sentido un toque
o una callada voz de alarma
o una mano invisible
que te conduce por una nueva senda?

¿Ha iluminado de pronto tu mente una
emocionante idea nueva,
o un íntimo sentimiento de amor te ha
llevado a ayudar a quien lo necesitaba?

Si sabes mirar,
es posible que veas
un ángel junto a ti!

Este mensajero celestial es tu propio
guardián personal, enviado para
ampararte y guiarte por los abruptos
senderos de la vida.

Tu ángel dirijirá tus pasos
y te amparará.
No te preocupes. No te rindas.
Solo mira a tu lado,
y verás a tu amigo más nuevo junto a tí…
proteguiéndote en cada momento!

Dan Lynch

Todos necesitamos amor

Todos nosotros necesitamos amor.
El amor forma parte de la naturaleza humana,
tanto como comer, beber y dormir.
Muchas veces nos sentamos ante un
bonito atardecer, completamente solos, y pensamos:
«Nada de esto tiene importancia,
porque no puedo compartir toda esta belleza con nadie.»
En estos momentos, vale la pena preguntar:
¿cuántas veces nos han pedido amor,
y nosotros simplemente giramos la cara para otro lado?
¿Cuántas veces hemos tenido miedo de acercarnos a alguien,
y decirle, con todas las letras,
que estábamos enamorados?

Cuidado con la soledad.
Es tan viciosa como las drogas más peligrosas.
Si el atardecer ya no tiene sentido para ti,
sé humilde y parte en busca de amor.

Piensa que, así como otros bienes espirituales,
cuando más estés dispuesto a dar,
más recibirás a cambio.

Paulo Coelho

Nadie es una isla

 “Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo estoy ligado a la humanidad y, por consiguiente, no preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti “.

Ernest Hemingway