Cuando nació mi alegría…

Y cuando nació mi Alegría, la alcé en brazos y subí con ella a la azotea de mi casa, a gritar:

– ¡Venid, vecinos! ¡Venid a ver! Porque hoy ha nacido mi alegría: venid a contemplar este ser placentero que ríe bajo el sol.

Pero fue grande mi sorpresa cuando ningún vecino mío acudió a contemplar mi Alegría.

Y todos los días, durante siete lunas, proclamé el advenimiento de mi Alegría desde la azotea de mi casa, pero nadie quiso escucharme.

Y mi Alegría y yo estábamos solos, sin nadie que fuera a visitarnos.

Luego, mi Alegría palideció y enfermó de hastío, pues sólo yo gozaba de su hermosura, y sólo mis labios besaban sus labios.

Luego, mi Alegría murió, de soledad y aislamiento.

Y ahora sólo recuerdo a mi muerta Alegría al recordar mi muerta risa. Pero el recuerdo es una hoja de otoño que susurra un instante en el viento, y luego no vuelve a escucharse más.
©Khalil Gibrán Khalil

 

Rabindranath Tagore

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EL FIN de: Rabindranath Tagore

Me voy madre; es mi hora… Cuando en la oscuridad clareante de la madrugada solitaria tiendas tus brazos buscando a tu niño por tu cama, yo te diré: “¡El niño ya no está!”…
Madre, me voy.
Me convertiré en un aire delicado para acariciarte; seré las onditas del agua cuando te bañes, y te besaré y te besaré sin descanso. En las noches de huracán, cuando la lluvia suene en las hojas, oirás desde tu cama mi susurro, y mi risa brillará con el relámpago por tu ventana abierta.
Si, pensando en tu niño, te pasas las horas de la noche desvelada, yo te cantaré desde las estrellas: “Duerme, madre, duerme.” Vendré en el rayo de luna y me pasaré suavemente a tu cama y me echaré en tu pecho mientras duermes.  
Me haré un ensueño y por las rendijas de tus párpados me hundiré en lo más hondo de tu descanso; y cuando te despiertes sobresaltada y mires alrededor, saldré volando con un temblor de mariposa a la oscuridad.
En la fiesta grande de Puja, cuando vengan a jugar a casa los niños del vecino, fluiré yo derretido en la música de la flauta y latiré todo el día en tu corazón. Tía traerá regalos de la feria, y preguntará: “¿Y el niño, hermana, dónde está?” Madre, y tú le dirás dulcemente: “Está en las niñas de mis ojos, está en mi cuerpo, está en mi alma.”