Reflexión

El arte de hablar y la virtud de callar

HABLAR es fácil pero CALLAR requiere prudencia y dominio

HABLAR oportunamente, es acierto.
HABLAR frente al enemigo, es civismo.
HABLAR ante la injusticia, es valentía.
HABLAR para rectificar, es un deber.
HABLAR para defender, es compasión.
HABLAR ante un dolor, es consolar.
HABLAR para ayudar a otros, es caridad.
HABLAR con sinceridad, es rectitud.
HABLAR de sí mismo, es vanidad.
HABLAR restituyéndote fama, es honradez.
HABLAR disipando falsos, es conciencia.
HABLAR de defectos, es lastimar.
HABLAR debiendo callar, es necedad.
HABLAR por hablar, es tontería.

CALLAR cuando acusan, es heroísmo.
CALLAR cuando insultan, es amor.
CALLAR las propias penas, es sacrificio.
CALLAR de sí mismo, es humildad.
CALLAR miserias humanas, es caridad.
CALLAR a tiempo, es prudencia.
CALLAR en el dolor, es penitencia.
CALLAR palabras inútiles, es virtud.
CALLAR cuando te hieren, es santidad.
CALLAR para defender, es nobleza.
CALLAR defectos ajenos, es benevolencia.
CALLAR debiendo hablar, es cobardía.

Debemos aprender primero a CALLAR para poder HABLAR luego, pero siempre con acierto y tino, porque si HABLAR es plata, CALLAR es oro.

Recuerda siempre: Que tus palabras sean más importantes que el Silencio que rompes.

Lagrimas de Mujer

 -¿Por que lloras mamá? le pregunto un niño a su madre.

Porque soy mujer, le contestó ella.

No entiendo: dijo el niño.

Su madre se inclinó le abrazó y le dijo: -Jamás lo entenderás mi amor.

Más tarde el niño le preguntó a su papá: -¿Porqué a veces mamá llora sin ninguna razón?

Todas las mujeres lloran siempre por ¿ninguna razón? le contestó el padre.

El pequeño creció y se convirtió en un hombre, pero seguía siempre preguntándose: -¿Por qué las mujeres lloran sin razón?

Un día le preguntó a DIOS, -Señor ¿Por qué lloran tan fácilmente las mujeres y especialmente, sin razón?  Y Dios le dijo…

-Cuando hice a la mujer tenía que crear algo especial.

Hice sus hombros lo suficientemente fuertes, como para cargar el peso del mundo entero, pero; a la vez lo suficientemente suaves como para confortarlo.

Le di una inmensa fuerza interior, para que pudiera soportar el dolor de dar a luz y también el rechazo, que muchas veces proviene de sus propios hijos.

Le di la fortaleza que le permite seguir adelante, cuidando de su familia, sin quejarse, a pesar de las enfermedades y la fatiga.

Le di sensibilidad para amar a sus hijos, bajo cualquier circunstancia.

Esa misma sensibilidad, que le hace compartir cualquier tristeza, llanto, dolor, ansiedad, duda o temor de sus hijos.

Le di la fuerza suficiente para que pudiera perdonar las faltas de su esposo y  por si fuera poco, la moldeé de una de sus costillas para que ella pudiera cuidar de su corazón.

Le di sabiduría para saber que un buen esposo nunca lastimaría a su esposa y la determinación para mantenerse a su lado a pesar de todo.

Pero para poder soportarlo todo…

Le di las lágrimas. Son algo exclusivamente de la mujer, para usarlas cuando las necesite.
Gracias Señor por haber creado a la mujer, ahora comprendo el sentir de mi madre, de mi hermana y de mi esposa, respondió el hombre.

Su única debilidad… son esas lágrimas llenas de ternura y amor