Abre tus brazos

Abre tus brazos

Debemos entregar y sentir amor, pero también gozar del cariño de los demás; por lo tanto, no te alejes de las personas que te quieren ni levantes un muro entre ti y el mundo, deja que te expresen su afecto y te sentirás arropado(a) por los lazos del amor.

Aprende a dejarte querer. A menudo pensamos que nadie nos quiere, pero a veces no dejamos que nos lo manifiesten.

Un buen ejercicio para aprender a recibir las muestras de cariño consiste en situarte frente al espejo y repetir en voz alta cuanto te quieres.

Solicita ayuda.
Todos precisamos ayuda en algunos momentos de nuestra vida, pero que la recibamos depende sólo de nosotros, pues en nuestra mano está pedirla. No te avergüences por necesitar ayuda, y mucho menos por reclamarla, porque dando este paso demuestras que sabes cuáles son tus problemas y cómo puedes solucionarlos.

Los verdaderos milagros

Tres personas iban caminando por el bosque. Uno era un sabio con fama de hacer milagros, otro un poderoso terrateniente del lugar y el tercero, que iba detrás de ellos escuchando la conversación, era un joven estudiante, alumno del sabio.

El terrateniente comentó:
-Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que eres capaz de hacer milagros.

-Soy una persona vieja y cansada… ¿Cómo crees que yo podría hacer milagros?, respondió el sabio.

-Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos. Esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso.

-¡Ah! ¿Te refieres a eso?, dijo el sabio.

-Tú mismo lo has dicho, esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso, no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo sólo le pido a Él que le conceda un favor al enfermo, o al ciego; todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.

-Yo quiero tener la misma fe que tú, para poder realizar los milagros que haces. Muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios.

-¿Volvió a salir el sol esta mañana? preguntó el sabio.

-¡Claro que sí!, exclamó el poderoso terrateniente.

-Pues ahí tienes el milagro de la luz.

-No, yo quiero ver un verdadero milagro, haz que se oculte el sol, saca agua de una piedra, sana a un animal herido tocándole con tu mano. Algo así quiero ver.

-¿Quieres un verdadero milagro? ¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?”.

-Sí, fue un varón y es mi primogénito, respondió el terrateniente.

-Ahí tienes el segundo milagro, el milagro de la vida.

-Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro.

-Fíjate bien, estamos en época de cosecha, ¿No hay trigo dónde hace unos meses sólo había tierra?
-Sí, igual que todos los años.

-Pues ahí tienes el tercer milagro.

-Creo que no me he explicado bien, lo que yo quiero… el sabio le interrumpió.

-Te has explicado bien, pero yo ya he hecho todo lo que podía hacer por ti. Si no encontraste lo que buscabas, lamento desilusionarte, pero no puedo hacer más.

El poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba.

Cuando el poderoso terrateniente estaba lejos, el sabio se dirigió a la orilla del camino, tomó a un conejo enfermo y herido, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado.

El joven dijo: Maestro, te he visto hacer milagros como éste casi todos los días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por qué lo haces ahora que no puede verlo?

-Lo que él buscaba no era un milagro, era un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo apreciarlos. Para ser maestro, primero hay que ser alumno.

“No puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido”
http://www.reflexionesparaelalma.net/page/reflexiones/id/501/title/Los-verdaderos-milagros

Reflexión

Estaba necesitando hacer una limpieza en mí: tirar algunos pensamientos indeseados, lavar algunos tesoros que estaban medios oxidados.

Entonces saqué del fondo del cajón recuerdos que no uso y no quiero más.

Tiré afuera algunos sueños, algunas ilusiones. Papeles que nunca usé, sonrisas que nunca regalé.

Tiré afuera la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí.

Miré para mis sonrisas futuras y mis alegrías pretendidas y las coloqué en una caja, bien ordenaditas.

Saqué todo de adentro del armario y lo fui tirando al suelo: pasiones escondidas, deseos reprimidos, palabras horribles que nunca hubiera querido decir, heridas de un amigo, recuerdos de un día triste.

Y también encontré otras cosas… ¡y muy bellas!:
un pajarito cantando en mi ventana, aquella luna color de plata, el poner del sol.

Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos.

Me senté en el suelo para poder escoger.
Arrojé directo en el saco de la basura los restos de un amor que me hirió.
Tomé las palabras de rabia y dolor que estaban en el estante de encima, pues casi no las uso, y las tiré afuera en el mismo instante.

Otras cosas que aún me hieren, las coloqué aparte para después ver lo que haré con ellas, si las olvido o las envío a la basura.

Era en aquella caja, en que uno guarda todo lo que es más importante: el amor, la alegría, las sonrisas. La Fe para los momentos que más la necesitamos.

Recogí con cariño el amor encontrado, doblé ordenadito los deseos, coloqué perfume en la esperanza, pasé un pañito en el estante de mis metas y las dejé a la vista para no olvidarlas.

 

A pesar de todo…

A pesar de todo…

SONRÍO….
Aunque la vida me golpee,
Aunque no todos los amaneceres sean hermosos,
Aunque se me cierren las puertas. Sonrío…

SUEÑO….
Porque soñar no cuesta nada y alivia mi pensamiento,
Porque quizás mi sueño pueda cumplirse,
Porque soñar me hace feliz.

LLORO…
Porque llorar purifica mi alma y alivia mi corazón,
Porque mi angustia decrece, aunque sólo sea un poco,
Porque cada lágrima es un propósito de mejorar mi existencia.

AMO…
Porque amar es vivir,
Porque si amo, quizás reciba amor,
Porque prefiero amar y sufrir, que sufrir por no haber amado nunca.

COMPARTO…
Porque al compartir crezco,
Porque mis penas, compartidas, disminuyen,
Y mis alegrías se duplican.

¡¡¡Sonrío, sueño, lloro, amo, comparto, vivo.!!! Y por esto cada día doy gracias a Dios que me da un día más…

Qué es un amigo…

Qué es un amigo
Amigo no es aquel que ríe contigo en tus momentos de felicidad… sino que llora contigo en momentos de tristeza…

Amigo es aquél que te dice la verdad! Que te dice tus errores para ayudarte a cambiarlos y está siempre contigo.
Amigo es aquél que escucha tus problemas, te aconseja y siempre está a tu lado.
Amigo es el que está dispuesto para compartir contigo alegría, tristeza y soledad.
Amigo es aquél que no te miente para estar bien contigo sino que te dice la verdad en la cara aunque nos haga llorar.

EN ABRIL, LAS AGUAS MIL – Antonio Machado

Son de abril las aguas mil.

Sopla el viento achubascado,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil.

Agua y sol. El iris brilla.
En una nube lejana, zigzaguea
una centella amarilla.

La lluvia da en la ventana
y el cristal repiquetea.
A través de la neblina
que forma la lluvia fina,
se divisa un prado verde,
y un encinar se esfumina,
y una sierra gris se pierde.

Los hilos del aguacero
sesgan las nacientes frondas,
y agitan las turbias ondas
en el remanso del Duero.

Lloviendo está en los habares
y en las pardas sementeras,
hay sol en los encinares,
charcos por las carreteras.

Lluvia y sol. Ya se oscurece
el campo, ya se ilumina;
allí un cerro desaparece,
allá surge una colina.

Ya son claros, ya sombríos
los dispersos caseríos.
los lejanos torreones.

Hacia la sierra plomiza
van rodando en pelotones
nubes de guata y ceniza.

El Libro de tu Vida!!

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El día de tu nacimiento, cuando solo sabías llorar, recibiste mil besos y caricias, pero también un libro con las hojas en blanco, sin estrenar: ¡EL LIBRO DE TU VIDA! .

Desde aquel instante comenzaste a escribir la historia de tu vida. Ya llevas varias páginas. ¿Qué has escrito hasta ahora?.

A veces escribimos y escribimos y nunca ojeamos las páginas escritas.

Toma el libro de tu vida y repásalo durante unos minutos. Tal vez encuentres capítulos o páginas que te gustaría besar, algunas escenas te harán llorar, y al abrir alguna página amarilla o reciente, te entraran ganas de arrancarla. Se ve negra con salpicaduras de tinta.

Pero Pilatos te diría: ¡Lo escrito , amigo, escrito está!.

Tú lo has escrito con tu puño y letra. No con la tinta de una “bic” o de una pluma, sino con la tinta de tu libertad. “Tú mismo has forjado tu propia aventura”, decía el manco Lepanto. “Porque veo al final de mi duro camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino”, sentencia Amado Nervo, quien prefiere la metáfora del arquitecto.

No arranques esas páginas, pide perdón si cometiste un error, para que así se borren todos tus garabatos y así podrás continuar escribiendo tu historia mejor que ayer.

¿Por qué no almacenar el libro de tu vida entre los Best Seller del mundo?.Aprovecha tu tinta porque tarde o temprano se te va acabar, y ¡no se venden repuestos ni en los kioscos ni en las librerías!

La vida es una y se vive una sola vez. La muerte cerrará tu libro.

Y al final solo pedirán tu libro, y alguien lo leerá o lo pasará en video, como las aventuras.

Todos somos arquitectos y novelistas, así que , amigo, borrón y cuenta nueva.

Comienza cuanto antes Tu Best Seller.

Cuando nació mi alegría…

Y cuando nació mi Alegría, la alcé en brazos y subí con ella a la azotea de mi casa, a gritar:

– ¡Venid, vecinos! ¡Venid a ver! Porque hoy ha nacido mi alegría: venid a contemplar este ser placentero que ríe bajo el sol.

Pero fue grande mi sorpresa cuando ningún vecino mío acudió a contemplar mi Alegría.

Y todos los días, durante siete lunas, proclamé el advenimiento de mi Alegría desde la azotea de mi casa, pero nadie quiso escucharme.

Y mi Alegría y yo estábamos solos, sin nadie que fuera a visitarnos.

Luego, mi Alegría palideció y enfermó de hastío, pues sólo yo gozaba de su hermosura, y sólo mis labios besaban sus labios.

Luego, mi Alegría murió, de soledad y aislamiento.

Y ahora sólo recuerdo a mi muerta Alegría al recordar mi muerta risa. Pero el recuerdo es una hoja de otoño que susurra un instante en el viento, y luego no vuelve a escucharse más.
©Khalil Gibrán Khalil

 

Rabindranath Tagore

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EL FIN de: Rabindranath Tagore

Me voy madre; es mi hora… Cuando en la oscuridad clareante de la madrugada solitaria tiendas tus brazos buscando a tu niño por tu cama, yo te diré: “¡El niño ya no está!”…
Madre, me voy.
Me convertiré en un aire delicado para acariciarte; seré las onditas del agua cuando te bañes, y te besaré y te besaré sin descanso. En las noches de huracán, cuando la lluvia suene en las hojas, oirás desde tu cama mi susurro, y mi risa brillará con el relámpago por tu ventana abierta.
Si, pensando en tu niño, te pasas las horas de la noche desvelada, yo te cantaré desde las estrellas: “Duerme, madre, duerme.” Vendré en el rayo de luna y me pasaré suavemente a tu cama y me echaré en tu pecho mientras duermes.  
Me haré un ensueño y por las rendijas de tus párpados me hundiré en lo más hondo de tu descanso; y cuando te despiertes sobresaltada y mires alrededor, saldré volando con un temblor de mariposa a la oscuridad.
En la fiesta grande de Puja, cuando vengan a jugar a casa los niños del vecino, fluiré yo derretido en la música de la flauta y latiré todo el día en tu corazón. Tía traerá regalos de la feria, y preguntará: “¿Y el niño, hermana, dónde está?” Madre, y tú le dirás dulcemente: “Está en las niñas de mis ojos, está en mi cuerpo, está en mi alma.”