Se donde está tu alma

Acaso no te emociona la belleza de una flor?
Te refresca la brisa de la mañana?
Te hace sonreir la sonrisa de un niño?
Se mueven tus pies al ritmo de una melodía?

Pierdes tu mirada en las estrellas?
Te seduce una hermosa poesía?
El vuelo de un pájaro te hace perder el tiempo?
El aroma de la lluvia recién caída calma tu sed?
Cuando está todo en silencio, oyes tu corazón?
Cuando sientes tristeza, notas que no estás sola?
Cuando hay alegría, quieres compartirla?
Una puesta de sol, te hace desear un amanecer?
Cuando sonríes, los demás lo hacen contigo?

He ahí tu alma mi querida amiga, ya la encontré, está en ti y solo en ti, nunca se marchó.

Ten esperanzas

Lo comprendes? Lo has comprendido.

¿Lo repites? Y lo vuelves a repetir.

Siéntate. No mires hacia atrás. ¡Adelante!

Adelante. Levántate. Un poco más. Es la vida.

Es el camino. ¿Que llevas la frente cubierta de sudores,
con espinas, con polvo, con amargura, sin amor, sin
mañana?…

Sigue, sigue subiendo. Falta poco. Oh, qué joven eres.

Qué joven, qué jovencísimo, que recién nacido. Qué ignorante.

Entre tus pelos grises caídos sobre la frente brillan tus claros
ojos azules, tus vividos, tus lentos ojos puros, allí quedados bajo algún velo.

Oh, no vaciles y álzate. Álzate todavía. ¿Qué quieres?

Coge tu palo de fresno blanco y apóyate. Un brazo a tu lado
quisieras. Míralo.

Míralo, ¿no lo sientes? Allí, súbitamente, está quieto. Es un bulto
silente.

Apenas si el color de su túnica lo denuncia. Y en tu oído una
palabra no pronunciada.

Una palabra sin música, aunque tú la estés escuchando.

Una palabra con viento, con brisa fresca. La que mueve tus
vestidos gastados.

La que suavemente orea tu frente. La que seca tu rostro,
la que enjuga el rastro de aquellas lágrimas.

La que atusa, apenas roza tu cabello gris ahora en la
inmediación de la noche.

Cógete a ese brazo blanco. A ese que apenas conoces, pero
que reconoces.

Yérguete y mira la raya azul del increíble crepúsculo,
la raya de la esperanza en el límite de la tierra.

Y con grandes pasos seguros, enderézate, y allí apoyado,
confiado, solo, échate rápidamente a andar…

Vicente Aleixandre

Reflexión

En una aldea había un anciano muy pobre, pero hasta los reyes lo envidiaban porque poseía un hermoso caballo blanco.

Los reyes le ofrecieron cantidades fabulosas por el caballo, pero el hombre decía:
“Para mí, él no es un caballo, es una persona. ¿Y cómo se puede vender a una persona, a un amigo?” Era un hombre pobre pero nunca vendió su caballo.

Una mañana descubrió que el caballo ya no estaba en el establo. Todo el pueblo se reunio diciendo:
-Viejo estúpido. Sabíamos que algún día te robarían tu caballo. Hubiera sido mejor que lo vendieras. ¡Qué desgracia!

-No lleven las cosas  tan lejos -dijo el viejo-. Simplemente digan que el caballo no estaba en el establo. Este es el hecho, todo lo demás es su propio juicio . Si es una desgracia o una suerte, yo no lo sé, porque esto apenas es un fragmento.¿Quién sabe lo que va a suceder mañana?

La gente se rió del viejo. Ellos siempre habían sabido que estaba un poco loco. Pero después de 15 días, una noche el caballo regresó. No había sido robado, se había escapado. Y no sólo eso, sino que trajo consigo una docena de caballos salvajes.

De nuevo se reunió la gente diciendo:
-Tenías razón, viejo. No fue una desgracia sino una verdadera suerte.

-De nuevo están yendo demasiado lejos -dijo el viejo-. Digan sólo que el caballo ha vuelto… ¿quién sabe si es una suerte o no? Es sólo un fragmento. Están leyendo apenas una palabra en una oración. ¿Cómo pueden juzgar el libro entero?

Esta vez la gente no pudo decir mucho más, pero por dentro sabían que estaba equivocado. Habían llegado doce caballos hermosos…

El viejo tenía un hijo que comenzó a entrenar a los caballos. Una semana más tarde se cayó de un caballo y se rompió una pierna, quedandose cojo. La gente volvió a reunirse y a juzgar:
-De nuevo tuviste razón -dijeron-. Era una desgracia. Tu único hijo ha perdido el uso de su pierna y a tu edad él era tu único sostén. Ahora estás más pobre que nunca.

-Están obsesionados con juzgar -dijo el viejo-. No vayan tan lejos, sólo digan que mi hijo se ha roto una de las dos piernas. Nadie sabe si es una desgracia o una fortuna. La vida viene en fragmentos y nunca se nos da más que esto.

Sucedió que pocas semanas después el país entró en guerra y todos los jóvenes del pueblo eran llevados por la fuerza al ejército. Sólo se salvó el hijo del viejo porque estaba lisiado. El pueblo entero lloraba y se quejaba porque era una guerra perdida de antemano y sabían que la mayoría de los jóvenes no volverían.

-Tenías razón, viejo, era una fortuna. Aunque tullido, tu hijo aún está contigo. Los nuestros se han ido para siempre.

-Siguen juzgando -dijo el viejo-. Nadie sabe. Sólo digan que sus hijos han sido obligados a unirse al ejército y que mi hijo no ha sido obligado. Sólo Dios sabe si es una desgracia o una suerte que así suceda.

Tu dormías de Delmira Agustini

 Engastada en mis manos fulguraba

como oscura presea, tu cabeza;
yo la ideaba estuches, y preciaba
luz a luz, sombra a sombra su belleza.

En tus ojos tal vez se concentraba
la vida, como un filtro de tristeza
en dos vasos profundos… Yo soñaba
que era una flor del mármol tu cabeza;
cuando en tu frente nacarada a luna,
como un monstruo en la paz de una laguna
surgió un enorme ensueño taciturno.

¡Ah! tu cabeza me asustó. Fluía
de ella una ignota vida. Parecía
no sé qué mundo anónimo y nocturno.

Reflexión

A veces, las cosas simplemente están fuera de tu control. No puedes cambiarlas. No puedes forzarlas a tu voluntad. No importa si ya llegas 45 minutos tarde, si tu pelo no está peinado y no has hecho el desayuno, y estás perdiendo neuronas cada segundo que pasas aquí sentado, muriendo, muriendo por dentro.
No dejes de respirar. Dejas de pensar cuando dejas de respirar. Respira.

RECUERDA QUÈ…

 

La vida es un lujo. Es el gusto de lo exquisito por mantener un pie frente al otro.
Sí, la vida es un lujo.

Lujo para amar, para respirar, para soñar y para ser feliz. Por eso gasta tu vida como si fueras millonario.
Que tu sonrisa sea parecida a la de los niños cuando se saben amados, y que logres ver en
éste día que naciste para recibir una caricia en cada uno de tus latidos, que te des el gusto de
perfumar tu boca con palabras llenas del aroma de tu interior.

Estar vivo es uno de los regalos más hermosos que podrás mantener tanto en tu espíritu,
como en tu alma y en la eterna juventud.

Por eso manifiesta tu viveza en todo lo que haces, ríe como si fuera la última vez,
sueña como los niños y haz de ti un ser humano que vive y deja vivir.

(Atribuido a Borges). Autor: Gustavo Alejandro Castiñeiras.

Nombre original: Poema de un Recuerdo)

Dime por favor donde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia

dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.

Dime por favor en que vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.

Dime por favor por qué camino,
podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descanzar de mi tristeza.

Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.

Dime por favor donde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.

Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.

Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.

“Otoño” Octavio Paz

En llamas, en otoños incendiadas,
arde a veces mi corazón,

puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!

Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas,
celestes frutos de luz desnuda.

Busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros…

Y algo que no se sabe y dice “nunca”
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.

– Octavio Paz

NUEVO AÑO EN EL TELAR DEL TIEMPO – de Corina Bruni

El tiempo teje…, y no cesa
un instante de tejer,
con los recuerdos de ayer
o el valor de una promesa.
Ahora ha desenrollado
su ovillo de lana verde,
para tejer –lentamente-
las emociones del año.

Y escogerá sentimientos
armoniosos o contrarios,
con que adornará muestrarios
para lanzar a los vientos.
Mas si hubiese terminado
el muestrario de mi vida,
no me sentiré aludida…,
y me quedaré abstraída
acariciando un verano.